Foto: Michael Gäbler · CC BY-SA 3.0
Erizo europeo
Erinaceus europaeus
Pequeño y cubierto de púas, el erizo es un incansable cazador nocturno de insectos y uno de los aliados más valiosos del jardinero.
Características
Carácter
Solitario, nocturno y esquivo. No agresivo: ante una amenaza no huye ni ataca, sino que se enrolla en una bola protegida por sus púas.
Alimentación
Insectívoro: escarabajos, lombrices, caracoles, babosas y otros invertebrados, con la adición ocasional de huevos, pequeños vertebrados y fruta.
Un insectívoro acorazado
El erizo europeo pertenece a la familia de los erináceidos y no tiene nada que ver con el puercoespín, con el que suele confundirse: este último es un roedor mucho mayor, dotado de púas largas y desprendibles. Las púas del erizo, en cambio, son pelos modificados cortos y firmemente anclados en la piel, que cubren el dorso por millares. En la base de cada una hay un músculo que permite al animal, ante un peligro, enrollarse sobre sí mismo y convertirse en una bola espinosa casi inatacable.
El hocico es puntiagudo, las patas cortas, la vista modesta pero el olfato y el oído excelentes, adaptados a una vida nocturna.
Dónde vive
Extendido por buena parte de Europa occidental y central, el erizo prefiere los bordes de bosque, los setos, los prados y —cada vez más— los jardines y parques urbanos. Necesita refugios secos donde construir el nido con hojas y hierba: montones de leña, arbustos densos y pilas de hojarasca son para él refugios ideales. Por eso los jardines demasiado cuidados, sin rincones silvestres, lo ponen en dificultad.
Qué come
El erizo es un voraz insectívoro. Su dieta incluye escarabajos, lombrices, caracoles, babosas y otros invertebrados, a los que se añaden ocasionalmente huevos, pequeños vertebrados y fruta caída. Este apetito lo convierte en un valioso controlador natural de las plagas del huerto, motivo por el cual los jardineros lo reciben de buen grado.
La hibernación
Con la llegada del frío el erizo entra en una verdadera hibernación, uno de los pocos mamíferos europeos que lo hace de verdad. El latido cardíaco y la respiración se ralentizan drásticamente y la temperatura corporal desciende casi hasta la del entorno. Para superar esta fase el animal debe acumular en otoño reservas de grasa suficientes: un erizo demasiado ligero rara vez sobrevive al invierno.
Conservación
En otro tiempo muy común, el erizo está hoy clasificado como casi amenazado, y en muchas regiones las poblaciones están en descenso. Las causas principales son el tráfico rodado, la desaparición de los setos, el uso de pesticidas que reducen sus presas y las redes y productos peligrosos en los jardines. Dejar pasos entre jardines, evitar los venenos y mantener rincones silvestres son gestos sencillos que favorecen su supervivencia.



